Debido a todos los cambios que sufre una familia cuando se diagnostica a un niño de cáncer, nuestra Fundación intenta llevar a cabo distintos programas y actividades, intentado paliar estos cambios en la medida de lo posible, considerando al niño enfermo protagonista de su propio desarrollo y así responder a la exigencia de integrar a este colectivo, a través de las actividades, en el aprendizaje y la autonomía, dando así una respuesta a sus necesidades tanto físicas como afectivas de socialización.
Un niño alegre afronta psicológicamente mejor el tratamiento al que se ve sometido e influye positivamente en todo su entorno.
Los beneficiarios de nuestros programas son niños, de entre 0 a 18 años en tratamiento oncológico, o con enfermedades de difícil curación, de diferentes lugares de España, que están recibiendo tratamiento en los Hospitales de referencia de la Comunidad de Madrid (La Paz, Gregorio Marañón, Niño Jesús, Hospital Clínico San Carlos y 12 de Octubre), y sus familiares.
La enfermedad y los tratamientos producen inmunodepresión, tanto física como psicológica. El valor que tienen de sí mismos es una de nuestras responsabilidades más importantes y uno de nuestros retos más hermosos.
Los niños a través del juego adquieren confianza en sí mismos, creando sentimientos internos, valor que les permitirá afrontar los desafíos a los que se verán sometidos, les permitirá trabajar y compartir con otros compañeros en distintas fases de la enfermedad, (bien en su misma situación, o que han logrado superar la enfermedad), les hará desarrollar confianza en sí mismos, tendiendo a enfocar de una manera más positiva las situaciones difíciles a las que enfrentarse, lo que les ayuda a aumentar sus posibilidades de mejorar su autoestima y con ello su calidad de vida.
Probablemente lo más eficaz a desarrollar en las actividades es aumentar el valor de uno mismo, sentir la competencia como algo interno y manejarlo con maestría y control.